¡Pepe Maestro, la que se ha liado con tu "Inventario"!
Después de leer "Inventario" y animados por sus locuras, y siendo el invento favorito por mayoría absoluta el "levitador de profesoras de matemáticas" (muy gracioso, hombre, las profesoras de matemáticas nos acordamos mucho de ti cuando llegamos a este invento), los alumnos de cuarto se lanzaron a crear sus propios inventos, explicando su funcionamiento y las advertencias necesarias para su uso.
Valentina, que de mayor quiere ser astronauta, creó un modelo de cohete espacial.
El cohete vuela de verdad, y tiene unas advertencias muy bonitas ya que puede llevarse a la luna las malas ideas. Sólo tuvo un pequeño problema, salió volando muy bien pero quiso aterrizar directamente en los pies de la profesora, para regocijo del público (aquí se observa a los científicos tratando de aguantar la risa).
Pablo creó un dispensador manual de agua que parecía funcionar muy bien.
Hasta que el agua empezó a salir de golpe por todas partes salpicando estupendamente a la profesora (que es profesora de matemáticas, por cierto) para gran alegría de sus criaturitas...
Ariadna creó la ruleta de las tareas, un girasol mágico que da vueltas y, cuando para, consigue que se realice sola la tarea que esté señalada. No sólo incluye tareas escolares, también de la casa.
No siempre funciona la magia, hay que estar preparados...
Mati creó el ventilador de olor.
Cuando se pone en funcionamiento el ventilador extiende el olor de lo que hayas echado en un dispositivo colocado delante. Normalmente se recomienda colonia, aunque surgieron otras ideas no todas recomendables.
Asier nos mostró su creación: unos pececitos mágicos que crecen cuando los golpeas. Son unos globos que se llenan solos al golpearlos con la mano. ¿Qué tendrán dentro?
Parecía algo imposible ¡pero funciona! Y te desahogas un montón.
Osel creó un laberinto para canicas muy divertido, y nos explicó cómo lo había conseguido, ayudado por su mamá y su hermana.
Estefanía nos avisó que su invento no podía probarse dentro de la clase, ¡demasiado peligroso! Así que nos fuimos al patio. Allí nos mostró su funcionamiento: un cohete creado con una botella boca abajo que lleva en su interior un paquetito con bicarbonato.
Luego se añade un líquido que huele sospechosamente a vinagre...
Se pone el tapón, se mueve bien y se coloca en el suelo. Hay que salir corriendo por lo que pueda pasar.
El cohete salió volando y llegó hasta la primera planta para empezar luego a caer. Ya alguno había anticipado que perseguiría a la profesora de matemáticas... Esta vez no hubo tanta suerte, el cohete caía directamente hacia un grupo de alumnos que se apartaron a tiempo. No hay fotos de esos momentos porque íbamos todos corriendo, pero puedo asegurar que nos reímos un montón y quedó elegido como invento más divertido de todos.
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